ALIDE’s 35th ANNIVERSARY: Speech by Dr. Enqique Iglesias, President of IDB

SPEECH BY DR. ENRIQUE IGLESIAS, PRESIDENT OF THE IDB, AT ALIDE HEADQUARTERS
On January 20, 2003, during the celebration of ALIDE’s thirty-fifth anniversary, Dr. Enrique Iglesias, President of the Inter-American Development Bank (IDB), gave a keynote speech on the region’s situation and prospects and the new role of the development banking system.

Dr. Iglesias pointed out in his presentation that the region is most concerned over: attaining more growth; safeguarding the macroeconomic achievements of the 90s; competitiveness; social efficiency; institutional improvement; the external opening; the integration process; and the establishment of strategic alliances in the State-market relationship.

TRIGÉSIMO QUINTO ANIVERSARIO DE ALIDE
Auditorio de ALIDE, Lima, Perú, 20 de Enero de 2003
Conferencia del doctor Enrique Iglesias sobre la situación y perspectivas
de la región y el nuevo papel de la banca de desarrollo

Muy buenas noches señor presidente de ALIDE, estimados amigos del Consejo Directivo, señor Secretario General, señor representante especial, ex presidentes, ex secretarios.
Es muy grato estar aquí y agradezco mucho la amable invitación de poder decir unas palabras en ocasión de conmemorarse el trigésimo quinto aniversario de la fundación de esta asociación.

Tengo más de un motivo de estar contento de estar con ustedes aquí. Primero, porque como recordaba Gonzalo Rivas esta institución nace en el seno de una iniciativa del Banco en Washington con la presencia de las instituciones que en aquel año, hace 35 años, en un mes como éste, generaron y crearon esta institución. Yo lo recuerdo muy bien, porque a los pocos meses entré al Banco – juntamente con Raúl Prebisch hacíamos una consultoría – me acuerdo muy bien el entusiasmo que tenía Felipe Herrera por esta asociación. En el fondo Felipe veía el BID a través de la asociación, y la presencia de los organismos de desarrollo de la región como una especie de sistema integrado, era la proyección natural del Banco hacia la región a través de los organismos de desarrollo y fomento en la región.

De manera que tengo un recuerdo muy grato. Me acuerdo muy bien de aquella época simpática en donde realmente surgió con todo el entusiasmo y todo el apoyo de la región. Por cierto que el mundo ha cambiado, hoy ya no es lo que era hace 35 años, cambió para bien y cambió para mal, pero cambió. Por tanto, repensar la función de estos organismos creo que es una tarea que nos cabe a todos, al Banco por supuesto en lo que le toca y a todos ustedes por ser parte de este gran esfuerzo institucional de apoyar al desarrollo económico y social.

Estamos en momentos difíciles, de grandes desafíos, grandes retos, y pienso que esto hace que tengamos que meditar sobre esos papeles, yo diría, responder a tres preguntas que son las que me gustaría, brevemente, encarar en el día de hoy. El primero, destaca el tema para el que me han invitado a conversar que es el tema de los desafíos actuales que preocupan a la región. El segundo, es la pregunta que nos hacemos todos, ¿tienen sentido estos organismos en estos momentos que vive América Latina? Y en tercer lugar, si la respuesta es positiva, la pregunta es ¿entonces qué hacemos? ¿Cuál es nuestra función en estos momentos en esta América Latina de hoy? Son las tres preguntas que me gustaría discurrir sobre ellas.

El primero, con respecto a los desafíos de la región. Yo creo que todos teníamos a principios de los noventa una esperanza mucho más positiva sobre los hechos que habrían de acontecer en los años noventa. Creo que el inicio de esta década ha sido un inicio preocupante, por lo menos para la gran mayoría de los países, y el año pasado ha sido un año muy triste para la región, hemos caído casi 1% en el producto, sobre todo arrastrados por la caída espectacular del producto en Argentina, Uruguay y Venezuela, y en algunos otros más. Además, fue un período que sigue al aumento del desempleo y de la pobreza; la pobreza que había bajado vuelve a subir en los últimos tres años, es posible que hayamos subido 2 a 3 puntos en el porcentaje de pobreza crítica y 2 a 3 puntos en el porcentaje de pobreza. Hemos tenido un aumento del desempleo a niveles que no habíamos conocido, casi 9.5%, cae también la inversión privada y comienza también a aparecer una factor de aversión al riesgo muy fuerte de parte de los inversionistas internacionales, aunque se mantiene la inversión privada es mucho menor de la que tuvimos en los últimos años. Vivimos un período de términos de intercambio negativos que se comienza a revertir ahora.

La inflación, que es la gran conquista de los años 90, tuvo un 6% el año anterior y tuvo un 12% este año. Parece que volvemos a tener ahí indicadores preocupantes respecto a esto. Por supuesto devaluaciones de las monedas y una pérdida muy significativa de ingresos. En la Argentina en los últimos 4 años, el ingreso per cápita cae 22.4% y en el caso del Uruguay va a caer 20%. Son cifras de períodos bélicos cuando uno lo mira en porcentajes.

Todo esto, evidentemente no nos deja satisfechos aún cuando en el último trimestre del año pasado comienzan a aparecer algunos indicadores un poco más esperanzadores. Argentina se está estabilizando y esperamos que esta semana firme su acuerdo con el Fondo Monetario. Se despejaron las dudas en el período de transición en el Brasil. Los términos de intercambio están mejorando, en casi todos los frentes. Además, comienza a interesarse el capital en los mercados emergentes. En países como Colombia, Perú, la región de América Central, y Chile, comienza a haber una detención en el deterioro, comienza a ver una luz al final del túnel, ojalá que así sea.

Estamos viviendo una década de grandes cuestionamientos y no son solamente cuestionamientos públicos, como lo señalan las estadísticas. 60% de la gente dice que las cosas van muy mal y dicen que las cosas no van a mejorar, sino que hay además un cuestionamiento político a los niveles de opinión política, hay cuestionamiento académico, se está discutiendo todo lo hecho en la década de los 90. Y esto tiene mucho que ver con las ambivalencias que nos dejó una década que partió con reformas muy significativas que procuraron, sobre todo, vencer los problemas de la famosa década perdida de los años 80 y que comprometieron a nuestros países con grandes cambios. Primero, cambios políticos que nos llevaron a recuperar la democracia, mejorar la situación de los derechos humanos y entrar en un período mucho más acorde con los valores fundamentales con los que queremos vivir.
Pero también vivimos un período importante de transición económica, nos movimos de voluntarismo estatal hacia la economía de mercado y eso fue un proceso importante que permitió tener logros y fracasos. Yo diría que la perspectiva de la década de los 90, mirado ahora en perspectiva, es tener la ambivalencia de logros en algunos frentes incuestionables, pero también frustraciones en frentes muy importantes.

En un lado positivo, no cabe duda que hemos ganado mucho en materia de estabilidad. Los que venimos de cono sur reconocemos los campeonatos de inflación que teníamos en esas tierras, hoy en día hay que reconocer que un dígito ha sido un logro muy importante que no tenemos que dejar de tener en cuenta.

Tenemos que reconocer que hemos abierto las economías, no tanto como quisiéramos, no tanto como lo hizo México, pero sí estamos en un proceso de apertura. Y además estamos revisando los conceptos sobre integración. En una visita muy grata con nuestros amigos de la Comunidad Andina estábamos conversando precisamente de que el tema de la integración comienza a tener una vigencia renovada en los países.

En todas partes, de alguna forma, el tema del Estado y su redimencionamiento – como fue el proceso de los 90 con las privatizaciones y hoy en otro nivel – está encima de la mesa y creo que eso también es positivo. Nosotros hoy firmamos con el gobierno del Perú, varias líneas de acción orientadas fundamentalmente a continuar la progresiva reforma del Estado. Otro cosa, también significativa, que hay que poner del lado positivo de la mirada de esta década es que la gestión macroeconómica mejoró mucho. Los que están operando son equipos mucho más preparados y profesionales de los que tuvimos en el pasado. Esto es un hecho que también importa, eso no es patrimonio de los grandes países, uno recorre países pequeños donde ve una gestión macroeconómica seria. Estos son logros que no se pueden desconocer en la América Latina que hoy tenemos.

Pero al mismo tiempo, están los aspectos negativos que de alguna manera frustraron expectativas y generan esta opinión respecto a lo que es la región hoy. Creo que la primera frustración que sentimos todos es que pensábamos que íbamos a crecer mucho más. En realidad el crecimiento económico de los 90 nos dejó un poco frustrados, con algunas excepciones, algunos países que tiene tasas muy brillantes como el caso dominicano por ejemplo. Pero en general, el promedio de la región ha sido un promedio bastante modesto con respecto a lo que todos esperábamos.

También fue preocupante la volatilidad del crecimiento y sobre todo, como hemos descubierto una gran vulnerabilidad que no estaba en el pasado. Siempre estuvimos atados al ciclo internacional a través del precio de las materias primas. Yo me acuerdo cuando en el Uruguay, el precio de la lana marcaba el humor nacional, si la lana se vendía bien estabamos todos contentos, si se vendía mal todo el mundo se deprimía. Ese ciclo lo hemos vivido todos. Hoy en día tenemos que reconocer que entramos en otro tipo de aventura, mucho más difícil y compleja que fue la internacionalización financiera de nuestros países. Esto nos vinculó a otro tipo de turbulencia que no teníamos en el pasado y que fue un poco el problema de la volatilidad de los flujos financieros que llegaron en grandes volúmenes, hasta 100 mil millones de dólares por año, 5%-6% del producto y luego caen abruptamente por este fenómeno que nos sorprendió a todos, un fenómeno que Camdesus llamaba la crisis del siglo 21, es decir, el contagio.

El contagio financiero es un fenómeno que nosotros nunca habíamos tenido en la forma como lo tuvimos en los años 90. Y el contagio trajo como consecuencia también estos fenómenos de frenazo en los ingresos financieros que han sido causantes de los grandes cataclismos. Argentina en el fondo, aparte de todos sus otros problemas internos, el frenazo del los capitales en el año 2000 fue el agente provocador de la crisis que se fue acumulando en el 2001 y en 2002. De manera que de alguna forma, esa dependencia financiera es quizás el fenómeno más alarmante que tenemos en los años 90 y sobre el que tenemos que meditar y que de alguna forma va a tener también que ver con la revisión que tenemos que hacer de este tipo de políticas en los organismos de desarrollo como los nuestros.

Yo diría también que nos jugó una mala pasada, en alguna forma, el orden internacional. Todos pensábamos en los 90 que habríamos de tener negociaciones comerciales mucho más vigorosas. No las hemos tenido todavía, el sistema comercial sigue siendo un sistema disparejo, inequitativo, protegido, en fin, todos pensábamos que de alguna manera el sistema financiero, la nueva arquitectura financiera internacional, tendría algún tipo de resultado para poner un poco de orden en este movimiento financiero en que estamos inmersos, tampoco ocurrió. De manera que de alguna forma el blindaje no tuvo lugar y todo eso nos llevó a este problema que tenemos hoy, el shock financiero que ha sido el gran perturbador de buena parte de los problemas que han tenido los países en los años 90.

Yo diría que ese tipo de problemas respecto a la evolución del producto y la forma de vulnerabilidad y la volatilidad está en el centro de la frustración que había mencionado en ciertos sectores de nuestra sociedad. El otro es la vulnerabilidad social, yo creo que allí tenemos que reconocer que la pobreza bajó levemente, pero no a los niveles que querríamos que hubiese bajado y ahora subió, sobre todo por el fenómeno argentino, uruguayo y venezolano. Tenemos el desempleo, el problema de la exclusión y tenemos una distribución del ingreso que sigue siendo muy negativa.

Yo diría también, que ha habido vulnerabilidad de tipo institucional. Este tema que está tan debatido por personas como Stiglitz, es verdad. Es decir, las instituciones en general se fueron acomodando pero en forma muy dispareja, por eso es que se ha mencionado las reformas del Estado- las instituciones no están a la altura de las demandas de la complejidad que requiere hoy, una economía abierta y globalizada. Y eso, el trabajo de actualización, de modernización es realmente una tarea sumamente importante que abarca al gobierno e incluso a los cuerpos políticos.

Todo este panorama sintéticamente nos pone enfrente a cómo encaramos los próximos años. Cómo redefinimos ciertas prioridades. Yo he listado cosas reconocidas por todos pero que me parece importante reconocerlo.

Un primer objetivo es que cualquiera sea la visión que se tenga de este período que pasó tenemos que tratar de preservar lo que hemos ganado. Sería muy lamentable que América Latina a esta altura de los hechos volviera a traer la inestabilidad o tendiera a la tentación de cerrarse o fuera complaciente con los déficits fiscales o no tuviera la capacidad de seguir siendo prudente en el manejo de las variables monetarias. Creo que la preservación de lo logrado y creo que cualquiera sea lo que se haga respecto al futuro, es importante que esté como un primer elemento sobre la mesa.

Lo segundo es que tenemos que crecer más, es decir, – aquí Perú es una excepción, este año es el país que más ha crecido de América Latina y las perspectivas son favorables en ese sentido – una región que crece al 1.5%, 2% no nos sirve, no es suficiente. La América Latina tiene que tener una tasa de crecimiento por arriba del 4%, 5% si realmente quiere entrarle a fondo a los temas sociales y creo que es interesante que la tan controvertida etapa de sustitución de importaciones, la etapa cepalina, crecimos al 4,5, 6%. Los brasileños tienen todavía una visión muy nostálgica de aquellos períodos. Entonces, yo creo que América Latina puede, pero creo que de alguna manera tenemos que ver por qué razón tenemos las rigideces que hace que nuestra región no sea mucho más dinámica de lo que es. Nosotros con esta tasa de crecimiento no salimos y vamos a acentuar problemas políticos y problemas sociales.

El tercer frente es la competitividad. En una economía globalizada el que no es capaz de competir no sobrevive. En este caso nosotros tenemos necesidad de entrar en esfuerzos sistemáticos y muy focalizados en el mejoramiento de la competitividad, aquí en el Perú estamos iniciando un programa el mes próximo para entrar a este tema, en varios países estamos haciendo lo mismo.
Luego, otro objetivo importante es el que mencioné anteriormente, es poner el enfoque en el ahorro y en las exportaciones, que son dos elementos que en el mundo moderno reducen nuestra dependencia del ahorro externo y nos permite hacer frente a las turbulencias internacionales con mucho más holgura. Creo que ahí hay dos frentes sobre los cuales tenemos que movernos.
Otro objetivo, es la eficiencia social. Hablábamos con un periodista que decía ¿cómo hacemos para resolver el tema social cuando tenemos estas estrecheces fiscales? Y sí, es un tema que todavía no está resuelto. Todavía no tenemos las pautas para una política social de economía globalizada, donde los impactos sobre la situación fiscal son dramáticos y eso reduce en forma muy violenta la capacidad de intervención de los Estados. Una de las respuestas es la eficiencia del gasto. Yo les comentaba ayer a los amigos de la sociedad civil algo que me dejo muy impresionado: en el Brasil, donde el Ministerio de Acción Social toma como grandes objetivos criterios para identificar proyectos y un esfuerzo muy grande de la evaluación de la efectividad de las intervenciones del Estado en los proyectos sociales. Creo que eso es muy importante, nuestra gente publicó hace 3 ó 4 años un trabajo sobre la eficiencia del gasto social ¿Cómo estamos gastando en educación, en salud, en vivienda, en agua, saneamiento? ¿Cuál es la real efectividad de estas intervenciones? Yo tengo la impresión que el primer recurso social en períodos de estrecheces fiscales es invertir mejor lo que estamos invirtiendo. Creo que allí hay un tema que importa mucho trabajar en él.

Otro tema importante que tenemos como grandes prioridades son las negociaciones internacionales que se nos vienen. En los próximos 2, 3 años tenemos decisiones importantes que tomar respecto a ¿Qué hacemos con los esquemas de integración? ¿Qué hacemos con el ALCA? ¿Qué hacemos con la Unión Europea? ¿Cómo negociamos con la OMC? Son enormes desafíos y lo que salga de esos desafíos va a marcar a esos países por muchos años. Por tanto, negociar bien y prepararse para ello es muy importante, y hoy suscribimos un acuerdo con el Perú para crear recursos que le permitan mejorar sus equipos técnicos, hacer estudios y entrar en este mundo de negociación con pie firme. Ese tema hace que nosotros tengamos que valorizar ese proceso y sobre todo valorizar la integración.

Creo que necesitamos más que nunca hacer una revisión dinámica del proceso de integración que se agranda frente a estos enormes frentes con los cuales tenemos que entrar y donde es mucho mejor entrar juntos que entrar de a uno. Creo que ahí, si pudiéramos incorporar eso como un objetivo central de política, estaríamos generando un frente muy importante.

Y el otro tema central sobre el cual yo quisiera también decir que nos importa, es el tema de las relaciones mercado y Estado. Normalmente este tema nos ha dividido, ha divido al mundo no sólo a nosotros, pero nos ha dividido a través de los años. Yo creo que cada vez más se imponen ópticas muy pragmáticas sobre todo esto. Este tema fue superado en los países asiáticos donde hay más mercado y más Estado y de alguna manera la combinación entre las dos cosas llevó a mezclas que permiten enfrentar los desafíos internacionales con mucha más holgura. Nosotros muchas veces estamos en estas posiciones maniqueas entre una cosa o la otra cuando en el fondo se trata de tener las dos, cada una en sus responsabilidades y atendiendo cada una a las ventajas comparativas que tiene su contribución al progreso nacional. Creo que necesitamos más que nunca de alianzas estratégicas inteligentes entre las dos cosas.

Nosotros vemos al Estado como un factor importante con el cual trabajar y tiene que haber un mercado igualmente importante. Esto es significativo por lo que voy a decir respecto a la labor de nuestras organizaciones en este proceso.

Yo creo que estos 7 u 8 frentes: más crecimiento; lograr preservar los logros; la competitividad; el esfuerzo de eficiencia social; mejoramiento institucional; todo el plano externo; y, esta definición de Estado y mercado yo creo que son temas sobre lo cuales importa concentrar la atención en los años que vendrán. Si esto es un nuevo modelo de desarrollo, no lo sé. Yo prefiero hablar de un proceso de desarrollo incremental, aquí se trata de tener un modelo económico con una base macroeconómica seria, no hay forma de desarrollarnos sobre la base de la macroeconomía disparada y al mismo tiempo con una falta muy grave en el sector social. Creo que en ese sentido la década de los 90 por muchas razones, de alguna manera el esfuerzo de estabilización económica secuestró muchas de las energías para intervenir en otros aspectos. Creo que es importante que este período tenga al sector social como un tema muy significativo.

Ahora, la segunda pregunta es si tenía sentido o no la función de la banca de desarrollo. Yo creo que hemos vivido tres grandes etapas en atender a nuestros países. La primera etapa, del nacimiento de nuestras instituciones que fue la etapa de voluntarismo estatal, del modelo cepalino en donde básicamente los grandes instrumentos eran la sustitución de importaciones, la protección por parte del Estado y una presencia muy vigorosa del Estado tanto en el apoyo y aporte al sector privado con mecanismos de crédito concesional o de crédito privilegiado. Este fue el origen de estas instituciones, pero también como instituciones que nacían al influjo de la iniciativa estatal, es decir el voluntarismo estatal, para conducir el proceso de progreso en sectores claves. Recuerdo por ejemplo, ahora que tenemos acá al presidente de CORFO, para nosotros en el Uruguay CORFO era una especie de símbolo, lo veíamos como una especie de organismo de promoción que era un gran instrumento que permitía la modernización de nuestras economías con un sector privado todavía débil, poco agresivo. Fue un período donde estas instituciones fueron la respuesta a la crisis del 30 y nacieron un poco al influjo de este modelo sustitutivo de importaciones que correspondió a la CEPAL definirlo.

Creo que se hicieron cosas importantes. Si uno mira para atrás muchas de las iniciativas en sectores claves y estratégicos de la economía tuvieron que ver con esta forma de apoyo de los bancos de desarrollo. También, tuvieron grandes problemas, la ineficiencia y el rentalismo estuvieron presentes en la forma como actuaron muchas de estas instituciones. Esto dio lugar a que comenzáramos a descubrir cosas que siguen siendo importantes como lecciones de aquel período y es que es muy difícil tener banca de desarrollo en un contexto en que el desarrollo y la competitividad no son el centro de la acción y en ese caso es muy difícil sobrevivir como instituciones eficientes cuando el sistema como tal no tiene la eficiencia como objetivo centrado. Era natural que ésta llevara a crisis, y que llevara a que a falta de políticas gubernamentales coherentes se dieran también intervenciones incoherentes de parte de estas instituciones.

Diría también, que aprendimos de la importancia que tiene la gestión profesional y la gestión independiente de este tipo de organizaciones y cómo la politización fue un factor muy grave en todo ese período.

Esto llevó al segundo período que nos tocó vivir en los años 90, período donde hubo reformas en todos los sectores, pero particularmente en el sector financiero y la banca de desarrollo se ubica dentro de ese proceso de reformas. Nosotros conocimos de esto porque trabajamos apoyando reformas en muchos de los países de América Latina; tuvimos vinculaciones en el sistema financiero de casi todos los países, como tuvo el banco mundial y otras instituciones. Estas reformas dieron la liberación de los mercados financieros, liberación de las tasas de interés, el desmantelamiento de todas las formas de crédito dirigido, la apertura a la banca extranjera, los nuevos instrumentos de financiamiento, normas de regulación, nuevas estructuras de supervisión y en ese contexto se generó claramente una actitud muy hostil hacia los bancos de desarrollo y de fomento y por eso hubo un desmantelamiento tan grande de todas estas instituciones en América Latina, hubo un verdadero “banquicidio” como parte de las reformas y yo creo que eso tuvo mucho que ver con una visión que tenia detrás un concepto que la liberalización financiera y el desarrollo de los mercados financieros privados iba a dar respuesta a todos los problemas de la sociedad en la generación de oportunidades de crédito a largo plazo, en llegar a todos los sectores y en el desarrollo de grandes mecanismos de captación de ahorros de fuentes internas y externas.

Yo creo que la realidad es que se esperaba mucho y eso no aconteció. Aconteció en parte y en algunos países, pero no en todos y en cierta manera, no hemos tenido un aumento del ahorro interno como habíamos pensado. Tampoco hemos tenido el desarrollo de mecanismos de crédito de largo plazo como habíamos aspirado y de alguna forma el sistema fue generando vacíos importantes en ciertos sectores fundamentales, uno de ellos, el más notorio, la PyMEs y las microempresas que siguieron siendo sectores muy desatendidos en el contexto de financiamiento de nuestros países.

Entonces, de una parte del ahorro interno no aumentó y de alguna forma los mercados de capital tuvieron desarrollos limitados con algunas excepciones, el caso de Chile es una de ellas. Pero lo más importante es que el ahorro externo vino a sustituir al esfuerzo de ahorro interno que debió haberse hecho. Eso que la CEPAL señaló siempre con mucho vigor, es decir esa dependencia del ahorro externo hizo someter a los sistemas financieros al fenómeno del frenazo y a un problema que hemos vivido dramáticamente, como fue el hecho que en los períodos de auge y de grandes ingresos de capitales se expandió la banca privada sin las necesarias medidas de prudencia o de contralor y cuando vino el período del frenazo o el período de la recesión se erosionaron los portafolios, se socializaron las pérdidas y entramos en las tremendas crisis bancarias que hemos vivido en muchos países de América Latina. En muchos casos, costó 20%, 30% del producto el poder rescatar la situación financiera de los bancos privados.

Es decir, no tuvimos sistemas regulatorios preventivos y además no pudimos blindarnos frente a estas turbulencias de los sistema financieros. Yo creo que además, quedó muy claro que los objetivos de la banca privada se basan fundamentalmente en criterios de riesgo y rentabilidad que excluyen de la participación de ciertos sectores que son importantes para la economía como es el caso de las pequeñas y medianas empresas. Tampoco hemos tenido un desarrollo de los mercados de largo plazo y ese también es un tema que hoy lo tenemos arriba de la mesa.

Esto hizo que se llegara a algunas conclusiones y es que la reforma de los sistemas financieros no terminó en América Latina, sigue siendo un objetivo importante, y creo que esa reforma de los sistemas financieros se debe corresponder a toda la visión que tenemos del modelo de desarrollo y a una participación subsidiaria y complementaria del sector privado. Creo que el tema es continuar con la liberalización de los mercados financieros, con la profundización de los sistemas financieros pero al mismo tiempo reconocer que le cabe al Estado una responsabilidad subsidiaria y complementaria importante y que debe ser cumplida fundamentalmente por los organismos de intermediación como son los bancos de desarrollo.

En este momento, algo que va quedando de las respuestas del pasado es que la banca desarrollo hoy responde a las nuevas realidades emergentes de los años 90 donde quedaron en claro las debilidades del sistema financiero privado, las fallas del mercado, las fallas de los gobiernos y la necesidad de mirar a un sistema financiero donde realmente haya lugar para el sector privado y al mismo tiempo un lugar importante para las funciones que debe cumplir una banca de desarrollo bien estructurada y organizada.
Y eso es lo que nos lleva a la tercera fase, que es la que tenemos hoy, es decir, cómo imaginar o concebir a una banca de desarrollo que sea compatible y un instrumento eficaz de la forma como estamos mirando el funcionamiento de los mercados y de la estrategia de desarrollo. Yo creo que ésta es la tercera etapa, la revisión crítica de nuestro papel o del papel de ustedes y de alguna manera también el nuestro frente a los nuevos desafíos que tiene hoy la economía de América Latina.

Esto implica apelar a los criterios de complementariedad y subsidiaridad con el sector privado y para eso revisar dos cosas: objetivos e instrumentos. Y los objetivos tienen que ver con lo que decíamos anteriormente de cuáles son los grandes problemas que hoy enfrenta la América Latina, creo que el apoyo de la banca de desarrollo es el apoyo a los objetivos del crecimiento, de la estabilidad, de la competitividad, de la apertura externa, de las relaciones con la integración. Es decir, todo ese conjunto de objetivos que estamos identificando hoy como los problemas que tenemos que abordar en los próximos años, son los que tienen que corresponderse a los objetivos de la nueva banca de desarrollo en América Latina. Es decir, un instrumento dentro del conjunto de instrumentos del apoyo a la transformación económica y social de nuestros países.

Y luego, por supuesto, hay que revisar los instrumentos, y allí existen muchas experiencias, por eso es muy importante lo que estamos haciendo ALIDE en materia de revisar experiencias e instrumentos porque han ocurrido cosas en los últimos años. Yo visito instituciones de desarrollo donde realmente hay todo un pensamiento, hay experiencias, hay acción efectiva, innovadora, renovadora, alianzas estratégicas.

Creo que se están gestando hoy nuevas oportunidades y esto implica en 3 ó 4 frentes en los cuales importa actuar. Lo primero es reconocer que el crédito a mediano y largo plazo va a ser y sigue siendo hoy un tema importante en América Latina, más ahora que tenemos dificultades en contar con los recursos externos, una aversión al riesgo muy grande, y necesitamos cada vez más aumentar la inversión para poder fortalecer el crecimiento. Y junto con el crédito a largo plazo los productos no financieros que para nosotros en el BID son muy importantes. Es decir, cuando me dicen cuál es la función fundamental del BID, por supuesto es un banco, presta plata, pero no es lo único, nosotros estamos mucho más comprometidos hoy con los servicios no financieros que directamente con los servicios financieros porque es lo que nos permite asociarnos a los países en intervenciones de calidad, de innovación, de transformación, de reformas y eso es lo que llamamos servicios no financieros.

De alguna manera, ustedes también como instituciones de desarrollo, tienen que pensar en qué tipo de servicios no financieros deben acompañar la mera prestación de servicios financieros que son obviamente la razón de ser nuestra presencia en los países, pero las dos cosas deben de alguna manera complementarse.

La relación con el sector privado. Nosotros tratamos de vencer la aversión al riesgo, tratando de asociarnos a los sectores privados en proyectos de inversión, el BNDES lo está haciendo en forma muy eficiente y otros países están haciéndolo igual, tenemos que buscar alianzas estratégicas con intermediarios financieros. Creo que la banca de segundo piso, que fue la respuesta que tuvimos en el período anterior, que el banco dé el crédito y que el riesgo lo asuma el primer piso sigue siendo un factor importante que hay que utilizar como un instrumento viable en nuestra tarea. Esto es una primera línea, la interacción con el sector privado para mejorar de alguna manera y el confort necesario para que se mejoren los capitales privados en su vocación por la inversión dentro de los países.

El otro tema es la contribución a los mercados de capital, donde los esfuerzos han sido hasta ahora muy poco brillantes en muchos de los países. El BID está comprometido en esto, hemos creado una línea especial en los préstamos que tenemos del sector privado para apoyar el perfeccionamiento y la ampliación de los mercados de capital y ahí hay muchas cosas para hacer, donde nuevamente la alianza estratégica público-privado tiene un papel que cumplir. Implica también, pensar en la creación de instrumentos de seguridad, es decir, una de las cosas que más nos preocupa en los países que han tenido crisis financieras es cómo generamos mecanismos que permitan atraer a la inversión en moneda local. Esto implica revisar algunas de las experiencias que se han hecho en unidades reajustables, instrumentos financieros que permitan de alguna manera cubrir el riesgo que hace que hoy el ahorrista tome distancia de la moneda nacional y siga refugiándose en la moneda internacional como una forma de acumular ahorro.

Tenemos que buscar soluciones para trabajar juntos con los mercados regionales de capital, una tarea que está siempre arriba de la mesa y sobre la cual hemos hecho, todavía, muy poco. Creo que en ese sentido, las líneas de financiamiento, financiación de proyectos regionales de integración, siguen siendo muy importantes. Veo también con simpatía cómo algunos de los bancos grandes de la región están mirando a inversiones que tienen que ver con proyectos de carácter regional, el caso de IRSA (Iniciativa Regional de Sudamérica) o el caso de los proyectos Puebla-Panamá, donde aparecen proyectos de integración física que van a recurrir a recursos, allí la integración inteligente de banco de desarrollo con el sector privado con una perspectiva regional es otra de las cosas que nos llevan a mirar esto como oportunidades de nuevos instrumentos.

Hablaba también, de los servicios no financieros, la presencia en cooperación técnica, en capacitación, en mejoramiento de gestión, todo ese tipo de elementos que nos permiten aportar al sistema económico experiencias, iniciativas e ideas; son cosas que forman parte también de los nuevos instrumentos con que nos estamos moviendo.

Pienso que el tema de la gestión es un tema que hay que buscar cómo analizarlo. El tema de la gestión que es una de las herencias que nos dejó para meditar la primera fase de la presencia en la región, creo que hay que mirarlo con cuidado y creo es importante darle transparencia a la acción de nuestros organismos de desarrollo y darle además condiciones muy claras de gestión eficiente y profesional.

Yo diría que esta tercera fase en la que estamos entrando, es una fase mucho más orientada a compenetrar estos organismos con el esquema global de desarrollo, a definir los objetivos a partir de esa visión orgánica que tenemos de cuáles son los instrumentos de desarrollo económicos y revisar un poco todas las formas de intervención donde la asociación con el sector privado, con los organismos internacionales – como los nuestros -, comienza a tener una vida propia y el aspecto de la gestión debe también, inspirarse en los malos pasos que dimos en el pasado para no repetirlos en el futuro.

Para terminar, yo creo que tenemos desafíos importantes. Esos desafíos suponen tener una muy buena presencia en el sector privado pero el Estado tiene que tener también una presencia y en este sentido los bancos de desarrollo pueden cumplir una función muy importante y complementaria del sector privado. Pienso que de alguna manera, el sistema de desarrollo está inserto en la reforma financiera, las reformas financieras van a continuar y hay que encontrar un espacio inteligente y útil para la labor que estos organismos pueden hacer en apoyo al desarrollo de nuestros países.

Quiero decirles como banco – ya como BID – que este proyecto que hemos puesto en marcha con ALIDE através del FOMIN, de apoyo al proceso de intercambio de conocimientos y experiencias en banca de desarrollo con los seis seminarios, talleres y grupos de trabajo, creo que es muy importante. Dicho sea de paso en la CEPAL, José Antonio Ocampo viene trabajando en esto, hace tiempo que viene pregonizando la necesidad de revitalizar la visión de los bancos de desarrollo en la América Latina que tenemos por delante, yo concuerdo con eso. Creo que tomó iniciativas inteligentes para de alguna manera, salir al encuentro de esta visión un poco derogatoria de estos organismos después de la experiencia de los años 90, pero ahora estamos en condiciones de evaluar la experiencia, vemos que estos organismos tienen un papel que cumplir, tienen un espacio que deben llenar y que cada vez más la presencia de un Estado eficiente también se desplazó a este tipo de intervenciones en las que ustedes pueden intervenir.
Estamos muy contentos de que hayan pasado 35 años. Estamos muy contentos de seguir colaborando con ALIDE y la banca de desarrollo de la región y saben que tienen en el Banco Interamericano más que un amigo, un hermano, un socio que queremos hacerlo presente en todas las instancias que podamos colaborar con ustedes.
Muchas gracias y mucho éxito.